martes, 13 de enero de 2009

no estoy...

tranquilo por ahora, hay un vacío tremendo, y no trato de evocar aquellas penas en los que la gran mayoría se sumerge, es algo intenso, invisible, le puedo agradecer enormemente a mis obsesiones, mis paranoias, aquella sobre exageración de las cosas, de las situaciones que ahorita me mantienen, mantienen a uno y a más de uno contra las cuerdas, en el que quieres detener el tiempo y voltearlo, cada vez que repites algo que no deberías, es cuando la culpa te carcome, a menos que encuentres el perdón, la disculpa del agredido, y ni siquiera sé si debo seguir sintiendome así, o sólo es así, una vil exageración provocada por la incapacidad de retener los sentimientos, alimentada por la sociedad vigilante, tajante, imprudente, morbosa, apremiante e indiscreta, a punto de tirar los objetos al suelo, apunto de destrozarte los nudillos, a punto de querer pensar que tus manos son martillos y puedes cimbrar las paredes, y sin embargo, ya no hay imaginación, ya no hay inspiración, de momento te bloqueas, tu cuerpo se parte en tiempos, en circunstancias, lento en reacción, sulfuras venganza contra tí mismo, rabia de peticiones, al menos déjame algo de suero para seguir aquí, que estás, hey sí tú!, situación! no querrás noquearme, deja que me levante y lo corrija, que te des cuenta que no soy como crees, que hay realmente cosas peores alrededor, no me molestes por favor, y si lo haces, dialoga, pon la generosidad del diálogo así como humildemente te sugiero arreglarlo, porque se puede...